La “Sofía” con patas.
“Admiración
como motor del conocimiento”.
¿Se
pueden anclar las oportunidades de delimitar un presente para forjar un futuro
sin tener claras las concepciones históricas?
Las representaciones abstractas de una cosa
real o irreal que se forman en la mente de las personas (las ideas) son la base
para una historia y un progreso que comienzan a dar resultados
arraigados, comprendiendo la primera como una continuidad progresiva,
evolutiva, superadora, perfectible que nos conduce a mirar el porvenir con
ingenua esperanza; sin dejar de lado el ejercicio de recuperar en la memoria un
pasado que no debe repetirse o que se puede mejorar.
Para
comenzar a hablar del ser humano se debe reconocer en sociedad mostrando
antecedente que dan prueba fehaciente del progreso del conocimiento, como lo
son las diferentes civilizaciones: la egipcia, la China, la romana, la Griega
(tomando a esta última como punto de referencia a trabajar en el ensayo) y los
protagonistas que la adornaron.
Comenzando con “el más sabio de los
hombres” Sócrates, la diferencia del
pensamiento de este con otros de la
época era que sus medios eran justificados e iba en contra de personas como
fueron los sofistas, que se basaban en la retórica (arte de bien decir, de dar al
lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o
conmover), Sócrates consideraba que el conocimiento conducía siempre a una
verdad necesaria. Para ello, creó un método llamado mayéutica “el arte de parir ideas”,
con el cual se puede encontrar la verdad que existe en la mente de cada uno.
Esto lo hizo mediante diálogos, en los que examinó las contradicciones de sus
discípulos atenienses, tanto era el raciocinio a los que este método los
llevaba que Sócrates, fue mandado a juicio y acusado de corromper menores, por
hacerles preguntas desagradables y llevarlos a crisis.
Al igual que este gran
pensador, encontramos a Platón que estaba principalmente interesado por la
filosofía moral, dejando a un lado la filosofía naturalista, con la doctrina
fundamental que se conoce como “teoría de las ideas”; este llamó ideas a las realidades individuales estables
y permanentes que existen en forma independiente de las cosas sensibles. En
definitiva, las ideas constituyen “lo que es una cosa” o, lo que es igual, la
definición esencial de las cosas: aquello que hace que sean como son. A su
vez, consideró que la relación entre las ideas y el mundo sensible podía
pensarse de dos maneras. Una, que las cosas existen en tanto participan de la
idea, de modo que, por ejemplo, una cosa bella es bella porque participa de lo
bello en sí, y la otra, pensando que lo sensible imita a lo comprensible.
Una vez
que murió Platón, Aristóteles creó una nueva teoría del conocimiento, que rompe
con los conceptos platónicos del mundo de las ideas y postula que el saber no
es innato, sino adquirido. La ciencia que desarrolló se denomina lógica y
considera tres elementos fundamentales del saber: el concepto mental, con el que se
puede conocer la esencia de las cosas; el juicio,
que hace desarrollar afirmaciones sobre la realidad, y el razonamiento, que permite
expresar el pensamiento.
Aquí,
podemos concluir que desde los orígenes al ser humano le surgió esa necesidad
de recrear su mundo, indagar, persuadir por medio del gran motor para el conocimiento que es la
admiración, tener esa consideración especial hacia lo que se ve y lo que no se
ve, lo tangible y lo intangible preguntándose detalladamente por sus
cualidades, por un concepto que divague entre lo absoluto o lo relativo. Es decir, tomar la posición de pensar la
historia en términos de crítica cultural como crítica de idea de progreso, que
se desempeñe un papel evolutivo para reivindicar todos nuestros legados, en
pocas palabras, no podemos quedar en nada con respecto a toda la “Sofía” que se
nos ha entregado, por el contrario debemos buscar, analizar y aplicar los
métodos necesarios y prácticos para lograr un ascenso a la maravillosa “Sabiduría”.



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