Ulises desatado - James Joyce
Para aterrizar más la lectura del
escritor Noruego, quisimos traer un artículo del diario “el espectador” donde
toca muy asertivamente el tema central del libro:
¿Ulises atado o desatado?, problema constitucional
Por: Tulio Elí Chinchilla
Así como Ulises se ató al mástil de
su barco (y puso tapones en las orejas de sus compañeros) para resistir la
seducción del canto de las sirenas, también el pueblo, a pesar de su poder
soberano, debería estar protegido contra el riesgo de sucumbir ante propuestas
subyugantes, cuando quiera que éstas puedan conducir por un camino de no
regreso.
En apoyo de su metáfora, Elster cita
a pensadores como John Potter Stockton: “Las constituciones son cadenas con las
cuales los hombres se atan a sí mismos en sus momentos de cordura para evitar
perecer por suicidio el día que desvaríen”. A Friedrich Hayek: “La Constitución
es una atadura que el Peter sobrio le impone al Peter bebido”. Y a Cass
Sunstein: “Las estrategias de precompromiso constitucional podrían servir para
salvar la miopía y la debilidad de la voluntad de parte de la colectividad”. A
tal efecto se establecen tribunales constitucionales.
El problema se plantea también en
términos de tensión entre soberanía popular y constitución: ¿cuál de las dos
debe tener prevalencia? Debe prevalecer la integridad de la Constitución, es
decir, el modelo constitucional de Estado de Derecho, el cual debe ser
defendido aun contra el supremo poder de decisión del pueblo. La razón es
sencilla: sólo si se mantiene inalterada la estructura constitucional, el
pueblo podrá seguir siendo soberano, ya que —aparte ejercicios de mitología
política— el pueblo como sujeto institucional no existe sino gracias a la
Constitución, sólo expresa una voluntad libre dentro de las reglas fundamentales
que lo configuran. Es la visión del catedrático español Manuel Aragón en
Democracia y Constitución.
Aunque Elster en obra posterior
(Ulises desatado) varió su posición por encontrar que muchas restricciones al
poder mayoritario son o ineficaces o contraproducentes, las admite como
salvaguardas necesarias en ciertas circunstancias y contextos especiales. Tales
elucubraciones filosóficas no aconsejan arrebatarle a la ciudadanía su derecho
a preferir una decisión o un gobernante al que valora como bueno. Pero suscitan
interrogantes: ¿los límites constitucionales al tiempo de gobernar no son una
salvaguardia indispensable de la condición de ciudadanía libre? ¿No deberían
preservarse los equilibrios de la poliarquía en contextos involutivos de
excesiva personalización del poder? Si “hasta la virtud debe tener límites”
(Montesquieu), ¿no debería tenerlos el pueblo?
Puedo encontrar el
articulo completo en la siguiente pagina:



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